Simurg Temático: 8 de septiembre, Día Internacional de la Alfabetización


«El efecto multiplicador de la alfabetización empodera a los pueblos, les permite participar
plenamente en la sociedad y contribuye a mejorar la calidad de los medios de subsistencia»

UNESCO


Imagen alfabetizaciónEs muy difícil imaginar que no puedes interpretar qué quiere decir el batiburrillo de dibujos sobre un papel, o cómo se garabatean cuatro o cinco palabras sobre el mismo. Al hacer el esfuerzo, nos invade una tremenda sensación de abismo, de imposibilidad, de desasosiego.

Sin embargo, este juego inocente e imposible (sea como sea, no podemos sustraernos de lo que sabemos) en otro tiempo (no muy lejano) no fue tal. En otro tiempo la escritura y la lectura, fundamentos básicos de la alfabetización, fueron hábitos excepcionales y, en ocasiones, inalcanzables.

Pero, ¿qué es en realidad la alfabetización? Se trata de una de esas palabras cuyo concepto creemos tener muy claro, pero dudamos de su definición. Y no es de extrañar. Desde hace unos años, se ha incidido en definir la alfabetización también desde su nivel pragmático, esto es, como un paso más allá de la mera posesión de la capacidad de leer y escribir (Alfabetización básica o tradicional) que señala que la verdadera alfabetización existe cuando dichas habilidades se aplican para el desarrollo y mejora del día a día (Alfabetización funcional, término acuñado en los años 30)

Y es que en la alfabetización intervienen otros factores más allá del propio individuo. Por ejemplo, en ella hay que determinar las exigencias o niveles de alfabetización que difieren según las sociedades o la cultura en la que dicho individuo se desenvuelve, ya que no pueden ser semejantes en la Edad Media que en las sociedades postindustriales.

Durante toda la época preindustrial, la escritura y la lectura estuvieron en manos de la Administración civil, la religión, el derecho y, en última instancia, el comercio.

El no promocionado y difícil acceso a la educación/escolarización y el altísimo coste de todos los materiales relacionados con la lectura o la escritura, que no llegaron a abaratarse hasta la Revolución Industrial, ya en el siglo XIX, hacían compleja e impensable una alfabetización “general” de la población.
Podríamos pensar que la aparición de la imprenta trajo un impulso en este sentido pero, en realidad, la imprenta supuso un aumento considerable en la circulación de libros pero no en su accesibilidad y disposición al alcance de todos.

A lo largo de la historia de la humanidad “alfabetizada” ha ido cambiado el valor que se le ha otorgado a la palabra. Irremediablemente existe en nosotros un pasado de “sabiduría oral” con profundas raíces dentro de la tradición occidental. El mundo griego, por ejemplo, daba crucial importancia a la oralidad, a la palabra que se escucha, que se retiene y con la que se hace trabajar, incansablemente, a la memoria:
rapsodas, aedos o bardos; filósofos y maestros, que a lo largo y ancho de toda Europa confiaban en la palabra hablada, en el ritmo y en las habilidades mnemotécnicas como fundamentos de la comunicación, la tradición y la enseñanza.

En cambio ahora… “ verba volant, scripta manent ” (las palabras habladas vuelan, las escritas permanecen), aunque en su origen esta frase significaba, precisamente, lo contrario: la palabra dicha se mueve, vuela y no se queda fija e inmutable como la palabra escrita.
A pesar de ello, esta, la palabra escrita, permitió fijar la educación, obligando a ordenar y delimitar los relatos, las leyendas o los mitos. La escritura impulsó la “dogmatización” del conocimiento.

Durante la Edad Media, en la que la mayoría de la población era analfabeta, el clero, quien poseía el acceso más directo a la educación y la cultura, desempeñó una ingente labor de enseñanza, especialmente de la lectura para el conocimiento y propagación de la fe y la liturgia (la importancia de registrar el Verbo ), y la creación de las universidades; ampliándose con la necesidad, con el transcurrir del tiempo, de leer la Biblia en las distintas lenguas vernáculas, campaña que encabezó el movimiento de la Reforma (siglo XVI)

Sin embargo, más allá de la historia de los libros o de la propia escritura (creación, instrucción y aprendizaje del alfabeto, etc.), un punto clave en la alfabetización fue el desarrollo de la escolarización y la educación universal respaldada por el Estado.

Este hecho, relativamente reciente, permitió establecer la alfabetización como un “medio de identificación, comprensión, interpretación, creación y comunicación” (UNESCO), a través del cual el saber colectivo puede exteriorizarse y fijarse en el espacio y en el tiempo. Ya, desde sus orígenes, “la escritura se usaba para anotar los resultados del habla… facilitar pautas de pensamiento y lógica sumamente difíciles” (Harvey, 1989) Así es como Platón “justificaba” el uso de la escritura en sus enseñanzas filosóficas, por ejemplo.

Para finalizar este recorrido, podemos definir la alfabetización como una “tecnología o serie de técnicas para las comunicaciones y para descifrar y reproducir materiales escritos” (Harvey, 1989) que se desarrolla en un contexto social que establece qué uso se hace de ella y que influye directamente en la concepción y desarrollo del día a día.


Alexandra López

 

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BIBLIOGRAFÍA

J. GRAFF, H. (1989): “El legado de la alfabetización: constantes y contradicciones en la sociedad y la cultura occidentales” en Revista de educación , nº. 288, pp. 7-34

VIÑAO, A. (1989): “Historia de la alfabetización versus historia del pensamiento, o sea, de la mente humana” en Revista de educación, nº. 288, pp. 35-44 

UNESCO https://es.unesco.org/

 

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